martes, 10 de febrero de 2015

Mi nombre es Diez


Hoy día existen dogmas que rodean a la comunidad estudiantil, la gran mayoría realiza esfuerzos descomunales para lograr el sueño de obtener un titulo que avale sus conocimientos para salir y desempeñar sus habilidades en el ámbito laboral y/o habrá algunos que se dediquen a la investigación.

La cultura popular podría definir a un estudiante como: "el futuro de una nación", y tienen razón. Individuos que decidirán el rumbo de sus vidas bajo una filosofía --la mayoría de las veces, previamente digerida y regurgitada-- que sera transmitida directa o indirectamente sobre el medio en el cual se rodean. Provocando así, un avance, estancamiento e incluso retroceso según sea el caso.

En algunos institutos públicos hay aulas que cobijan aproximadamente 35 estudiantes, de los cuales se desprende una gran diversidad de personalidades e ideas que ponen a prueba el carácter de culminar la meta. A todo esto, existe una enigmática pregunta: ¿Que clase de estudiantes se forman en las escuelas?.

Podemos observar diversos comportamientos frente a las situaciones en clase; Las investigaciones requeridas por los docentes hacia los alumnos generalmente tiene un fundamento, y este es, acercar al alumnado a los temas cuyo objetivo esta previamente definido por un modelo educativo, lamentablemente en la actualidad podemos encontrar información en demasía y que generalmente es tergiversa.

El alumno esta limitado a copiar la información que satisface "su necesidad" y he aquí el punto más interesante. Los estudiantes NO están interesados en  aprender, su objetivo es obtener una calificación aprobatoria y en el mejor de los casos obtener alguna que tenga un excelente resultado, para poder así: obtener becas, movilidades académicas y demás servicios que las escuelas acostumbran dar a excelentes promedios.

Se suele olvidar que un numero NO define nuestras capacidades como estudiantes, todos conocemos e incluso hemos sido aquellos que obtiene dieces sin merecerlo, y por el contrario hemos obtenido calificaciones aprobatorias bajas sabiendo que nuestros conocimientos son bastante sólidos.


En conclusión, existe una dualidad de prestigio entre el alumnado y una institución educativa, los alumnos realmente relucen sus personalidades y aspiraciones que son completamente proporcionales a su formación de vida, una institución puede orientar o en su defecto ser un gran obstáculo para la formacion profesional del alumno, pero desde un humilde punto de vista, al final el que decide que aprender y que no, es uno mismo. 






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